PALMA AFRICANA

PALMA AFRICANA

La explotación de un mercenario silencioso

Por: Carlos Díaz

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La palma africana, como habitualmente se la conoce, o Elaeis Guineensis, por su nombre científico, es originaria del África, sin embargo, se la puede encontrar en varios países de América y otras latitudes del globo terráqueo. A través del tiempo, los productores de esta planta han llevado a cabo modificaciones genéticas en la especie para conseguir mejores resultados en adaptación y productividad.

Pertenece a la familia de las Palmaceae, se trata de una planta monocotiledónea, esto quiere decir son plantas con flor (angiospermas). Casi siempre son herbáceas, entre estas podemos encontrar algunas como la caña de azúcar, el maíz, y las palmeras.

Esta planta, para tener un crecimiento saludable y una producción adecuada de sus frutos, necesita ciertas condiciones medioambientales, las mismas que se encuentran en zonas tropicales de todo el planeta. En el continente americano se la puede encontrar en Centroamérica, en países como Costa Rica, El salvador, Guatemala, México, etc. Mientras que en Sudamérica países como Colombia, Ecuador, Brasil, también muestran una importante presencia de palma entre los cultivos que poseen.

Las zonas en las que mejor se adapta la planta y, por ende, en las que mejores resultados dan sus cultivos, son aquellas que se encuentran en la línea ecuatorial, entre 15 grados de latitud norte y sur. Es aquí donde las condiciones ambientales son más estables, lo que favorece al crecimiento de la palma aceitera.

La cantidad de agua que demanda esta especie en promedio por mes es de unos 210 mm, lo que hace que zonas con unos 2.500 mm de lluvia por año sean bastante beneficiosas para el crecimiento de la planta. De igual manera su rusticidad permite que se adapte a una gran variedad de tipos de suelo.

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IMPACTO DE LA PALMA EN EL MEDIO AMBIENTE.

En septiembre de 2015, la BBC de Londres, en su versión digital, publicó un artículo que relataba el asesinato de un dirigente comunitario en Guatemala: Rigoberto Lima Choc, un maestro de 28 años de edad, junto a los habitantes de una comunidad que se asentaba cerca del rio La Pasión, en la localidad de Sayaxche, al norte de este país, denunciaban un desastre ecológico que había cobrado la vida de miles de peces, provocado, según ellos, por una empresa que procesaba los frutos de la palma y los convertía en aceite.

Lima, recientemente electa como concejal por el partido socialdemócrata Unidad Nacional de la Esperanza, denunció el hecho ante la ONU y los tribunales de Guatemala, campaña que terminó llevando el caso ante jueces guatemaltecos, quienes aceptaron la causa y ordenaron que la empresa cesara sus funciones por un periodo de seis meses para investigaciones.

Las comunidades de esta zona afirman que la contaminación del río está directamente relacionada con el uso de agro-tóxicos como pesticidas y herbicidas que la industria palmera utiliza. Esto, además de deteriorar las condiciones ambientales de la zona, aseveran, ha tenido impacto sobre la salud de quienes laboran en la plantación, ya que la aplicación de los químicos se la llevaría a cabo sin ninguna clase de protección, hecho que ha afectado a los trabajadores y sus familias.

Según un examen toxicológico llevado a cabo por el Laboratorio de Toxicología de la Universidad de San Carlos (USAC) de Guatemala, el motivo de la muerte masiva de peces en el río La Pasión, se debería a la concentración de un agente químico denominado Malatión, un plaguicida utilizado para eliminar moscas en la fruta de palma.

Hechos como los que ya fueron relatados se han repetido en otras latitudes de América latina como Colombia, Brasil y Ecuador, entre otras. La expansión de los cultivos de palma aceitera por la región ha provocado impacto sobre el ambiente, afectando ecosistemas como el bosque tropical que, en ocasiones, ha sido reemplazado por los cultivos de la planta.

La Universidad Autónoma de Barcelona, en un artículo que data del 15 de junio de 2017, aborda esta problemática y hace una aseveración muy grave: el 40% de bosque tropical de países del sudeste-asiático, así como de Latinoamérica, ha sido reemplazado por plantaciones de palma, mientras que un 32% de los pastos naturales han corrido suerte parecida. De igual manera, el estudio realizado por el Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB), afirma que en Guatemala la expansión de estas plantaciones ha tenido un aumento del 600% en los últimos diez años.

Una de las advertencias más graves en este informe es el hecho de que esto cultivos generan un impacto muy serio sobre los suelos en los que están asentados, generando infertilidad e, incluso, podrían dejarlos inutilizables.

Otros problemas que generan las palmicultoras son la pérdida de biodiversidad, la afectación al habitad de aves y mamíferos y, al igual que en el caso del rio La Pasión en Guatemala, contaminación de las fuentes fluviales.

Al cabo de 25 años, las plantaciones de palma aceitera deberían ser taladas y el suelo en el que estaba el cultivo, debería recibir un tratamiento de fertilización para su recuperación, según Sara Mingorria, investigadora del ICTA-UAB. Esto no sucede debido al alto costo económico que este procedimiento tiene. Los propietarios de las palmicultoras prefieren deforestar otras zonas en las que los terrenos son fértiles, para ahí establecer una nueva plantación de palma.

En Latinoamérica los países con mayor presencia de plantaciones de palma aceitera son: Colombia con unas 400 mil hectáreas, Ecuador con 260 mil y Honduras con 250 mil hectáreas de cultivos.

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LA PALMA ACEITERA EN ECUADOR.

En Ecuador los albores del cultivo se dieron en la zona de Santo Domingo de los Tsáchilas. Esos cultivos primigenios de palma en territorio ecuatoriano, en el comienzo de su producción, arrojaron volúmenes interesantes de producción, sin embargo, con el transcurso del tiempo, estas áreas se enfrentaron a determinadas situaciones climáticas que afectaron su productividad. Uno de los principales problemas que se presentaron fue el hecho de la disminución de la cantidad de radiación solar que bañaba los cultivos, esto generó que las plantaciones sufrieran una condición denominada como marchitez letal, que determina la muerte de los cultivos.

Esto propicio que los propietarios de las plantaciones migraran hacia otras regiones del país, que presentaran mejores condiciones climáticas para el desarrollo de la actividad. Es así como se dio inicio a un proceso de colonización en áreas como el norte de la provincia de Esmeraldas, al igual que en varias zonas en la provincia de Orellana, fenómeno que generó la deforestación de importantes superficies de bosque primario.

Según el Censo Nacional Palmero, que fue levantado en 2017 y financiado por los estamentos gremiales del cultivo de palma en el Ecuador, la provincia con mayor presencia de plantaciones de palma aceitera es, precisamente, Esmeraldas, con un 45% de la superficie de cultivos a nivel nacional.

En entrevista con los ingenieros Juan Poveda y Alejandro Molina, representantes de TECNOPALM, compañía dedicada a la producción palmera, con oficinas en la ciudad de Quito y con una plantación de unas 750 hectáreas, ubicada en la provincia anteriormente citada, pudimos acceder a una visión empresarial de la actividad palmera en el Ecuador.

Una de las principales preocupaciones de esta empresa es el hecho de precautelar la extensión de la frontera agrícola. Afirman estar conscientes de que la solución no está en expandirla, sino en conseguir ser más eficientes en la utilización de los recursos que ya tiene el sector, es decir una agricultura intensiva, antes que expansiva.

Además, la naturaleza misma del cultivo, según TECNOPALM, lo convierte en el más eficiente para la extracción de aceite vegetal, por encima de cultivos como soja, girasol o colza, un aporte importante para que la actividad palmicultora sea menos agresiva con el ambiente, dice Poveda. Es la implementación de cultivos de nuevas variedades alto-oleicas, lo que permite una producción más eficiente que ayude a frenar la expansión de la frontera agrícola.

El haber cubierto los requisitos que la legislación ambiental ecuatoriana exige para mantener estas actividades productivas ha permitido que TECNOPALM consiga su licencia ambiental para el desarrollo del cultivo y se enfoque en la obtención de la licencia RSPO exigida por la Unión Europea para la comercialización de aceite de palma en su territorio, requisito que será obligatorio desde el año 2020 para todos los productores a nivel mundial.

Según Molina, la plantación no ha tenido impacto sobre las fuentes de agua hasta el momento, especialmente de manera subterránea, cerca de la plantación. Esto sería corroborado por los informes toxicológicos que el Ministerio de Ambiente ha llevado a cabo sobre las fuentes hídricas que se encuentran en el subsuelo de la plantación, estudios que se realizaron a lo largo de la actividad productiva de TECNOPALM.

En el caso particular de esta plantación, los terrenos donde se asientan se encontraban destinados a la producción de pastos para la ganadería. Según los representantes de la empresa, esta actividad tendría un impacto mayor sobre el medio ambiente que la producción de fruta de palma, puesto que, al sustituir la actividad productiva, se lleva a cabo un proceso de reforestación en el área con la siembra de plantas palmares que han sido modificadas genéticamente para que se acoplen mejor a la zona.

En el ámbito nacional, las plantaciones de palma tienen dificultades para conseguir la certificación exigida por la Unión Europea, según Poveda, uno de los inconvenientes más grandes estaría en las contradicciones que la normativa nacional presenta con la reglamentación internacional, que en varios aspectos se contraponen. Además de que actualmente los cultivos de palma ecuatorianos se enfrentan a dos problemas graves que están afectando seriamente a las plantaciones.

El primero es la presencia de la pudrición de cogollo (PC), una plaga capaz de desaparecer plantaciones enteras de cultivos de palma aceitera. Es la enfermedad más grave que ha afectado a esta actividad en toda Latinoamérica, de hecho, países como Colombia, Brasil Panamá, entre otros, también se encuentran lidiando con este problema, sin embargo, la detección temprana de la enfermedad, permite prevenir que la planta muera, por tal motivo es importante un monitoreo constante de la plantación.

Y el segundo es la ancianidad de algunos de los cultivos, asentados sobre todo en el área de Quinindé, que representan unas 130 mil hectáreas y que debido a su edad se están acercando peligrosamente a su fin de vida productiva, con lo que se debería dar inicio a un proceso de renovación de cultivo con las implicaciones ambientales y económicas que esto conlleva.

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CONCLUSIONES.

La actividad palmicultora en Ecuador dio inicio, en los años 50 del siglo XX, el impacto ambiental que esta actividad ha generado a lo largo del tiempo. Ubica al Ecuador en el noveno lugar de la tasa de deforestación, según la FAO, convirtiéndose así en una de las tasas más altas de deforestación del mundo y la más alta en Sudamérica, esto ha ocasionado que el avance de las plantaciones de palma aceitera en Ecuador desde sus albores, sea silencioso pero vertiginoso, pasando de tener una cantidad ínfima de plantaciones que apenas llegaba a un poco más de 1000 hectáreas en 1954, a sobrepasar las 280 mil en 2014.

Sin embargo, el cultivo no solo ha traído consigo cosas malas, puesto que se presenta como una verdadera alternativa laboral para zonas rurales pobres, además de ofrecer ciertas alternativas energéticas como biocombustibles.

La obligatoriedad de obtener la certificación RSPO para poder mantener las relaciones comerciales con la Unión Europea que entrará en vigencia a partir de 2020, se torna en un importante reto, que deberán cumplir los productores de fruta fresca y aceite de palma, lo que obligará a estos a mejorar sus procesos, no solo productivos, sino además de cuidado ambiental, para conseguir mantenerse en el mercado.

La presencia de plagas que deben ser controladas en etapas tempranas -y la edad que buena parte de las plantaciones tienen- hacen que este cultivo sea susceptible a desaparecer en algún momento, si no se toman las medidas de precaución adecuadas en el tiempo oportuno, con impacto directo sobre la economía de las poblaciones que se asientan alrededor de los plantíos.

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